La impotencia criminal.


del azul ante el rojo...

del azul ante el rojo…

La impotencia, esa cosa que tanto atemoriza, ha sido reconocida hoy mismo por un presidente que tiene mayoría absoluta en el Congreso, en el Senado, en casi todas las Comunidades Autónomas y en los Municipios. Nunca antes en esta democracia se había conocido una mayoría similar por parte de una formación política que, al menos en apariencia, no es de izquierdas. La frase de Mariano Rajoy no sólo es para enmarcarla, sino que define todo su período: No podemos tener una ley que cuando llegue otro gobierno la cambie al medio minuto.

Dicha ésta para justificar la retirada deshonrosa de la reforma de la ley del aborto, vale por igual para excusar su postura ante la ETA, su subida de impuestos, su renuencia a reformar o atenuar todas las leyes socialistas que criticó durante el mandato del PSOE, pero que ahora se ve impotente para cambiar a pesar del apoyo popular a su candidatura. Nada de lo esperado por la mayoría de sus votantes y por la parte mayoritaria de los militantes de su partido ha sido llevado a cabo: su gran excusa es la impotencia.

Sólo el cinismo o la cobardía pueden explicar que el presidente más poderoso se considere impotente. Porque la Democracia es el gobierno de la mayoría. Para que gobiernen minorías, sobra ésta y este costoso sistema de hipertrofia política que pone por delante del bien común los intereses de aquellas facciones, económicas, ideológicas, políticas, filosóficas, etc., que presionan con más eficacia en los pasillos del poder. Que todas las partes de la sociedad tienen derecho a defender sus pretensiones no significa que tengan derecho a imponerlos a la mayoría.

Don Mariano Rajoy nos ha mostrado su verdadero rostro: el de su incapacidad para gobernar con ideas. Si las tuviese, tendría principios y los defendería. Pero el crimen generalizado que supone una ley que permite matar a los no nacidos, casi con cualquier excusa, muestra la característica de la impotencia presidencial. Hoy son los concebidos, mañana podrán ser los ancianos o los minusválidos, pasado los que no sean guapos…, todo por el temor de que un gobierno futuro cambie la ley. Como si los que ocupan los escaños de la oposición en este momento no fuesen conocidos por cambiar todo lo que les parece oportuno cuando acceden al poder, con mayoría absoluta o relativa.

En momento en que parece estar en juego la unidad de España es un nefasto precedente el retroceso, la retractación, la huida ante una presión minoritaria, en la defensa de la vida de miles de seres humanos, en este caso, españoles. Si la impotencia es la excusa, la regla a seguir en todas las ocasiones, estamos apañados. Y no vale el recurso a las encuestas, porque en una democracia la única encuesta verdadera es el resultado electoral.

Pepe de Brantuas. Septiembre de 2014, en España.

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Archivado bajo Cosas de España, Por el Mundo, Vida humana

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