Podemos, luego engañemos, incautemos, robemos, matemos, arruinemos…


(En inglés)

 destruir es más fácil que construir...

destruir es más fácil que construir…

La capacidad de destruir es finita, pero parece ilimitada. Tal es el arrebato que produce la violencia, sobre todo la colectiva, que les lleva a convencerse de aparente omnipotencia. El asunto es tan antiguo como el ser humano y el antropólogo René Girard ha puesto de manifiesto que la violencia mimética nos acompaña desde los orígenes, y cuando los actores han elegido su víctima se creen poseedores de la verdad, cuando, realmente, son presa de la mentira.

Elegir la víctima es necesario para cargarla de todos los males que nos acechan. Su inocencia no cuenta, porque se necesita descargar toda la violencia sobre alguien con la ilusa pretensión de liberar a la comunidad de los problemas. Tampoco cuenta la lógica ni la razón, porque no se desean soluciones verdaderas, moderadas, sino taumatúrgicas, mágicas, tajantes. Es una vuelta al paganismo primitivo plagado de mitos originados precisamente en crímenes colectivos.

En África y en Asia estamos viendo ese mecanismo diabólico en funcionamiento como antaño lo sufrimos en Europa y en la inmensa Rusia, pero eso no nos ha vacunado contra esa ilusión homicida. No tanto porque los victimarios de allí puedan traerlo aquí, sino porque ya tenemos entre nosotros a quienes eligen víctimas para el sacrificio colectivo. Cuando los males se asocian a personas o a grupos determinados, religiosos, sociales, culturales o políticos, se está sembrando el odio para la violencia futura.

Que eso hacían la extrema derecha e izquierda ya era conocido, pero desde décadas atrás no tenían la capacidad de convocatoria que aparentan tener ahora. Nunca dejaron de señalar a sus víctimas potenciales, e incluso matarlas con movimientos terroristas, pero tampoco habían conseguido engañar a tanta gente. Creer que la solución es destruir y no reparar es la ilusión de los desesperados y, como no se trata de saber que es lo bueno y lo malo, que se debe salvar y que cambiar, el mal se personaliza para mantener y extender el engaño.

Nada humano es perfecto al cien por cien ni absolutamente malo. Defender lo contrario niega la esencia de la democracia porque ésta se fundamenta en que todas las personas y los grupos que la forman poseen una parte de la verdad que los demás ignoran. O dicho de otra manera, que nadie es el malvado por excelencia, el ignorante absoluto, el máximo incompetente. Quienes pretenden gobernar designando víctimas propiciatorias, aunque se llenen la boca hablando de libertad, igualdad o democracia, son precisamente los que pueden acabar con ellas.

No se les puede negar que tengan su parte de verdad, pero no es eso lo que pretenden aportar, porque solo les importa imponerse.

Pepe de Brantuas. Agosto de 2014, en España.

USA
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