La teoría de la provocación.


(The theory of provocation.)

La sombra intimida...

La sombra intimida…

Hace años, yo vivía en un edificio bastante alto y el Ministerio del Interior propuso a la comunidad instalar arriba una antena para las comunicaciones con la policía. Entre los vecinos se opuso un vasco porque, según él, eso era una provocación a ETA. Cuando tienes derecho a algo y no lo ejerces porque alguien argumenta de esa manera, estoy convencido de que estás haciendo el tonto. En aquel caso era el chantaje del miedo, propio de muchos de los que han sufrido la presión sicológica de los terroristas, pero en otras ocasiones es un mero pacifismo bobo que trata de encubrir otros intereses. No diré nada del apoyo de CIU y Bildu al señor de Gibraltar (Dios los cría y ellos se juntan), pero la postura de la izquierda (el PSOE, sobre todo) acusando al ministro García-Margallo poco menos que de provocar a los británicos sería asquerosa y patética, si no fuese porque es más que posible que exista una simbiosis interesada entre ellos y el prócer socialista de La Roca.

Nos guste o no, Gibraltar no es una colonia ni un país. Es una empresa británica que lleva 300 años ocupando territorio español y darle categoría de comunidad política desde parte española es seguir haciéndoles el juego. Con independencia del papel estratégico que tuvo en el pasado, hoy solo persiste por los intereses económicos de grupos de inversión, por el romanticismo imperialista de Gran Bretaña y por la necedad de demasiados españoles. Y no me vengan con el problema humano de sus 30.000 habitantes, porque Hong Kong tenía millones cuando lo cedieron a la potencia comunista china.

En la entrada del golfo ártabro (rías de Coruña, Betanzos, Ares y Ferrol) se instalaron unos potentes cañones de fabricación inglesa a principios del siglo XX, en el monte de San Pedro, en Coruña, y en el cabo Prior, en Ferrol. Su cobertura de varias millas era sobradamente conocida y, durante la II Guerra Mundial, los submarinos alemanes que huían de los destructores ingleses se refugiaban en esas aguas, conocedores de que los barcos enemigos ahí los dejarían en paz. Y los dejaban en paz, no por la neutralidad de la España de Franco, sino por el alcance de esas armas. Y es que Inglaterra solo respetaba a quien tenía armas para responderle. Hoy en día, las armas son económicas y solo puede España recuperar esa parte de su territorio si muestra que las tiene y que las puede emplear.

Desde ese punto de vista es el que hay que juzgar las medidas empleadas por el Gobierno Español: si son suficientes, si serán efectivas para arruinar el pingüe negocio que supone Gibraltar para los inversores sin escrúpulos que en el mundo hay. Solo así se podrá conseguir algo positivo. Ya sé que es mucho pedir que la izquierda entre en razón y sea capaz de reconocer las provocaciones de sus amigos de La Roca (apresamientos de pesqueros, bloques de hormigón para impedir la pesca, rellenos ilegales en la bahía, etc.), por esa razón es importante que la mayoría de los españoles sepan que lo que hay allí es una mera empresa que se nutre de mucho capital de origen turbio: acaso del de políticos españoles corruptos, también.

            Pepe de Brantuas. Agosto de 2013, en España.

USA
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