Ayer se fue; mañana no ha llegado.


Ayer se fue; mañana no ha llegado;

hoy se está yendo sin parar un punto;

soy un fue, y un será, y un es cansado.

Procesión

Procesión

Este verso sobre la brevedad de la vida, que a Quevedo robo, viene a cuento en doble vía: la Semana Santa que comienza y aquello que se nos fue en la sociedad española, que todavía no ha vuelto. Si la vida tiene mucho de itinerario de errabundo, no lo es menos la esencia de nuestro ser colectivo: España, para nosotros, y cualquier cosa, para quienes no creen en ella. No somos pueblo intimista, sino andarín y callejero. No nos va, a la mayoría, el hogar como crisol donde se funde nuestra particularidad colectiva —que no es contradicción. Nuestras casas no son castillos inexpugnables; nuestros barrios —con extrañas excepciones— no se han vuelto clubs para iniciados; nuestras aldeas, pueblos, villas y ciudades no padecen ni del terror al forastero, ni de la misoginia enfermiza de otras latitudes. De norte a sur, de este a oeste, de esquina a esquina del mapa español, el aire libre es el escenario donde se representa el drama de nuestras vidas.

Dirán algunos que somos como los griegos o los italianos. No lo sé, porque desconozco el alcance de ese como. Pero sí sé que para muchos somos un pueblo extraño que no se han molestado en comprender. Y de su ignorancia viene su soberbia. Están obsesionados con reformarnos en todos los campos que a ellos, y a sus seguidores miméticos en España, les parecen improcedentes. A algunos les molestan nuestras procesiones religiosas y no entienden que más de las dos terceras partes nos manifestemos como católicos, por demasiados que sean los españoles que solo pisan una iglesia para cumplir con el precepto anual. Les irritan nuestras corridas de toros, a pesar de que en sus países han exterminado a infinidad de especies y ahora muestran el fanatismo de los conversos contra nosotros, que conservamos una para la Fiesta por excelencia. Si pudieran nos dejarían sin el jamón, sin el aceite de oliva, sin el marisco, sin el vino, sin la leche y nuestros quesos, sin todo aquello que nos es propio y diferente a lo suyo.

Y no es que el peligro no exista, porque ya se ha iniciado hace tiempo la campaña destructiva. No solo tienen su quinta columna infiltrada entre nosotros, en nuestros partidos, en nuestros medios de comunicación, en cualquier institución que tenga la capacidad de influir en nuestra vida social. Dirán que es políticamente correcto, procurarán vendérnoslo como progreso, o como afirmación de su libertad religiosa o cultural, pero en el fondo no es más que un intento de uniformizarnos con lo que ellos creen que es el ideal a seguir. La crisis en la que vivimos, económica y moral, nos pone en peligro de creer en cualquier cosa como tabla de salvación, pero no siempre será así y estamos obligados a reflexionar si bajo la apariencia de oro no habrá nada más que plomo.

España es un fue, definido y claro, ahora parece ser un es cansado, si no andamos con ojo puede que para ella nunca llegue ese será.

Pepe de Brantuas. Marzo de 2012, en España.

Post Scriptum: La finalidad de este artículo pretende ser un acicate para no ser indiferentes. Nada está perdido y nada lo estará si no permanecemos al margen.

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Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

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3 comentarios

Archivado bajo Cosas de España, Vida humana

3 Respuestas a “Ayer se fue; mañana no ha llegado.

  1. georgeorwell67

    Pesimista le veo, Pepe…

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