El pozo del olvido.
22/02/2012
(The pit of oblivion.)

O convertir a delincuentes en héroes.
El verdadero Pozo del Olvido es ese lugar imaginario donde los políticos desean que echemos todos lo recuerdos que a ellos les molestan. Son capaces, sin duda, de llamar Memoria Histórica a la amputación del pasado en dos mitades: la mitad que estiman, para jalearla, la otra mitad, al pozo. Si les hiciéramos caso nuestro pasado se volvería incomprensible, a la par de huero y propagandístico. Lo hemos visto en estos años. Pero lo que más molesta es que lo revistan de democracia o de consenso, por mucho que haya sido durante los carnavales.
Que cada bando tiene sus bandidos lo sabemos de sobra; que se los restrieguen unos a los otros con pertinaz empeño, no nos extraña, pero que les cuelguen medallas inmerecidas a simples delincuentes raya en la estupidez colectiva. Qué tengamos que soportar a un Don Santiago Carrillo porque se aferró a la democracia después de 1975, vale, fue por un bien mayor: la paz colectiva y la primera constitución plural y democrática que hemos tenido en España. Pero que nos lo quieran vender como un héroe y un luchador por la libertad, es una burla y un desprecio a la razón.
Pero el caso del señor Carrillo y el de la Memoria Histórica son sectarios en esencia, por proceder de una parte del espectro político, pero ahora estamos a punto de ser conminados a olvidar, con la presión incomprensible de la mayoría aplastante de nuestros presuntos representantes en Las Cortes. Que la ETA es un grupo terrorista lo sabe todo español que tenga uso de razón. Que sus acciones fueron crímenes y no heroicidades, también. Sin embargo, a pesar de ser esa banda una sección muy pequeña de la sociedad española, ha ido aglutinando en su favor a diferentes grupos políticos: primero a los nacionalistas, después a los comunistas, más tarde a los socialistas y ahora, como guinda del pastel, a los propios populares.
No seré yo quien niegue que el grado de favor que se le dispensa disminuya de izquierda a derecha, con la noble excepción de UPyD y la interesada de los nacionalistas. Pero favor es, cuando quien tiene la obligación de combatir con la ley en la mano dice que es un problema político y no un asunto policial, y no tiene reparos en negociar con los representantes políticos de los asesinos.
Acaso este gobierno no se ha percatado de que este pozo del olvido, en el cual pretende ocultar los crímenes de la banda —porque se trata de eso—, tiene una tapa de acero y un buen candado: la mayoría de los ciudadanos y las víctimas del terrorismo. ¡Ojalá que no se de cuenta demasiado tarde!
Pepe de Brantuas. Febrero de 2012, en España.
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